martes, 8 de mayo de 2012

Con razón ardía nuestro corazón


Los días siguen su rumbo, van rápido y no se detienen. Por eso es necesario hacer un alto, detenerse y reflexionar, sobretodo vivir y sentir con lo que la Iglesia nos propone. 

En el tiempo de Pascua la liturgia nos ofrece muchos textos sobre la Resurrección, uno de estos es el relato de los dos discípulos que caminaban con el rostro triste, desconcertados porque las cosas no habían salido como ellos pensaban. 

Estos hombres habían dejado todo para seguir a Jesús con sus amigos, habían descubierto una nueva realidad, en la que el perdón y el amor ya no eran sólo palabras.  Jesús de Nazaret lo había hecho todo nuevo, había transformado su vida. Pero ahora estaba muerto y parecía que todo había acabado.

En la vida de estos discípulos las esperanzas están defraudadas, todo está perdido. Están  desanimados porque las cosas no salieron como esperaban, y en medio de esta tristeza es imposible reconocer la presencia de Dios. Pero aún así, Jesús camina con ellos, les explica con paciencia las Escrituras y les hace sentir el ardor de su corazón. Los dos se dejan encontrar por Dios. Él, vivo y verdadero, siempre está presente en medio de nosotros; camina con nosotros para guiar nuestra vida, para abrirnos los ojos.  

Cuando empieza a oscurecer Jesús  «simula que va a seguir caminando», pero luego se queda porque se lo piden con insistencia: «Quédate con nosotros».  Lo mismo tenemos que hacer nosotros, siempre de nuevo, con insistencia: ¡Quédate con nosotros! ¡Ya es tarde! ¡Ya se acerca la noche!

Después de reconocer a este forastero, renace en ellos el entusiasmo de la fe. Han encontrado en medio del dolor, la verdadera esperanza.  El Maestro ha resucitado y con él toda la vida resurge; el corazón triste y defraudado es ahora el corazón que arde y quiere contagiar a los demás. 

martes, 24 de abril de 2012

Mucho que contar

Estos últimos meses han pasado rapidísimos, creo que han sido muchas emociones en tan poco tiempo. Por eso no quiero dejar pasar mucho sin escribir, porque se pueden ir perdiendo los detalles y los recuerdos.

Primero que nada en enero se cumplieron dos años de este blog, me acuerdo perfecto de mi primer artículo... no llegue ni a los tres párrafos... pero poco a poco escribir se fue haciendo parte de mi vida. Este blog en lo personal me ha ayudado bastante, siempre en los momentos difíciles puedo regresar y leer, recordar lo que he escrito y además gozarlo. Sin duda, este blog no seria lo mismo sin todos los que me han motivado y alentado a seguir con estos artículos. Podría dedicarle un buen tiempo a todos los que han sido parte de este blog... ¡pero eso merece un articulo especial!

Los últimos dias han sido una oportunidad para recordar un momento inolvidable, la visita del Papa. Quedaron marcados en mi corazón varios momentos, especialmente cuando vi al Papa salir del avión, escuchar los aplausos y la emoción de todo México.... Las primeras palabras del Papa en tierra mexicana no han dejado de hacer eco: "vengo como peregrino de la fe"...  Uno de los momentos más emocionantes fue la Santa Misa en el parque bicentenario, aunque no había dormido casi nada, ver al Papa tan cerca me despertó. En realidad el Papa también despertó a muchos de nosotros que a veces vivimos cansados y tristes, desconfiados y sin esperanza.

Todo ha pasado tan rápido pero no quiero olvidar lo que este fin de semana viví, me di cuenta de todo hasta ver a mi hermano con el anillo, sí, ya se caso uno más. Es emocionante además que lo caso mi hermano Pedro... La familia va creciendo y eso es algo que nunca podemos olvidar, tenemos que recordar bien de dónde venimos. 

Seria bueno que hiciéramos una breve pausa antes de terminar el semestre, y llevar los acontecimientos de nuestra vida a nuestra oración, para buscar su significado profundo. Vivir sin darse cuenta de lo que acontece en nuestra vida, no tiene mucho sentido... ¡Prometo no dejar de escribir!  

miércoles, 28 de marzo de 2012

Un corazón puro

El domingo pasado tuve la gracia de estar en el Parque Bicentenario, la Santa Misa con el Papa Benedicto XVI fue un momento muy especial. Los ornamentos morados del Papa y los obispos, marcaban el tiempo de Cuaresma. Un tiempo, como ha dicho el Papa, de acercarse al Señor con "corazón sincero y lleno de fe". 

Ese día, con miles y miles de personas, junto con toda la Iglesia repetí una oración: «Crea en mí, Señor, un corazón puro». Estas palabras tienen que ser palabras que repitamos siempre, desde lo más hondo de nuestro corazón. 

Para el pueblo de Israel, el pecado era un poder prácticamente implacable e imposible de superar. Mientras más se tomaba conciencia del mal, más se veía la necesidad de pedir a Dios un corazón nuevo. Para el pueblo de Israel quedaba sólo confiar en la misericordia de Dios y tener esperanza de que él cambiara desde dentro, desde el corazón, una situación insoportable, oscura y sin futuro. 

Eso es en realidad el pecado, una situación insoportable, que deja en el alma un vacío profundo. La experiencia del pecado, es como una carga horrible, oscura y difícil de vencer. Todos hemos experimentado en nuestro interior, un corazón oscuro y defraudado, pero así como el pueblo de Israel, es necesario el anhelo de un corazón puro, sincero, humilde, lleno de fe. 

La historia de Israel narra también grandes proezas y batallas, pero a la hora de afrontar su  su destino, la salvación, más que en sus propias fuerzas, pone su esperanza en Dios, que puede recrear un corazón nuevo, no insensible y arrogante. 


En nuestra historia personal, hay también grandes luchas, pero no bastan para vencerla nuestras propias fuerzas, necesitamos recurrir  "al único que puede dar vida en plenitud, porque él mismo es la esencia de la vida y su autor, y nos ha hecho partícipes de ella por su Hijo Jesucristo".


Estos pocos días que quedan de Cuaresma, tienen que ser una oportunidad para mirar muy dentro de nuestro corazón, ver el dolor y con esperanza decir: «Crea en mí, Señor, un corazón puro». Él ira moldeando poco a poco nuestro corazón. 

miércoles, 8 de febrero de 2012

Una mirada al sucesor de Pedro

Han pasado muchos días desde el último artículo. Se habrán dado cuenta que estoy de regreso en el seminario. Estamos muy cerca de un gran acontecimiento para nuestro país,  la primera visita de S.S. Benedicto XVI.

Tristemente, muchos buenos católicos no han puesto los ojos en el sucesor de Pedro, el Santo Padre Benedicto XVI. Lo critican y lo juzgan por no ser como el último Papa. En esto el Papa ha dicho simplemente: Dios ha hecho Papa a un profesor, para ayudar al mundo a reflexionar con mayor profundidad.

Me parece que valdría la pena conocer a fondo a la persona del Santo Padre, no podemos juzgar algo que no conocemos; una manera muy fácil de aprender de él y conocer su pensamiento es a través de sus escritos. Leyéndolos y estudiándolos dejaremos que su luz ilumine nuestra fe y podremos darnos cuenta de la grandeza de nuestro Papa.

El primer documento oficial que el Papa escribe es la encíclica “Deus Caritas Est”,  donde el amor de Dios por nosotros es una cuestión fundamental para la vida. Se comienza a ser cristiano por el encuentro con una Persona, única esperanza del hombre. En la encíclica “Spe Salvi”, llegar a conocer a Dios, al Dios verdadero, eso es lo que significa recibir esperanza.  Jesucristo es el testigo de la caridad y la verdad, la principal fuerza impulsora del desarrollo de cada persona y de toda la humanidad.

Uno de los libros que más me han marcado es el de “Jesús de Nazaret”, donde el Papa dice que muchos conocen a Jesús, que algunos lo han estudiado, pero que muy pocos lo conocen personalmente. El segundo libro de “Jesús de Nazaret”, la tragedia más grande es no creer que la luz de Jesús es capaz de superar toda tiniebla.

El Año Paulino fue dejarnos guiar por al apóstol de los gentiles, recordar que “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”. El Año Sacerdotal fue un momento de prueba para toda la Iglesia, ver de pronto tan enlodado el sacerdocio… La humildad del Cura de Ars hizo que pusiéramos los ojos en la grandeza del sacerdocio. El próximo octubre será el Año de la Fe, donde tendremos la mirada fija en Jesucristo, quien inicia y completa nuestra fe.

La próxima visita del Papa marcará nuestro caminar en la fe. Es un momento especial de gracia para México y América Latina.  ¡Tiene que ser para todos motivo de profunda alegría!